Supervivencia del sector cultural de Estados Unidos durante la pandemia
Anna Fabra Raduà
[Tiempo de lectura: 3 minutos]
El pasado 25 de marzo, el Senado de Estados Unidos aprobó un excepcional plan de estímulos económicos por valor de 2 billones de dólares para rescatar la economía y hacer frente a los efectos devastadores de la pandemia del COVID-19.
El paquete incluye 75 millones de dólares para la National Endowment for the Humanities (Fondo Nacional para las Humanidades) y la Corporation for Public Broadcasting (Corporación de Radiodifusión Pública), así como 50 millones de dólares para museos y bibliotecas y 25 millones de dólares para el Kennedy Center en Washington, D.C., que es un caso a parte (*).
La American Alliance of Museums (AAM) pidió 4.000 millones de dólares de los fondos del Congreso para los museos, y estimó que hasta un 30% de los museos tendrán que cerrar permanentemente debido a los costos económicos de la pandemia.
La cifra del paquete aprobado, pues, es totalmente insuficiente para la supervivencia de los museos norteamericanos, que con las puertas cerradas por fuerza mayor pierden 33 millones de dólares al día (datos de la misma AAM). A pesar de ser motores económicos y desempeñar un papel esencial en la infraestructura educativa americana (gastando más de 2.000 millones de dólares al año en educación), los despidos de personal sólo han hecho que empezar y debilitaran un sector parcialmente ya precarizado.
En Estados Unidos -como en tantas otras partes del mundo- existe la idea equivocada que el mundo del arte es un mundo de gente rica, de millonarios; una idea que, sin duda, el mercado del arte fomenta para sus negocios. Pero la realidad es diametralmente opuesta para la mayoría de artistas, creadores, educadores, guías, personal de atención al visitante, vigilantes de sala y proveedores de museos, galerías y espacio de creación. Un sector de genera cada año 726,000 puestos de trabajo.
Y aquí la gran paradoja: paralelamente al volcado gratuito de contenidos culturales virtuales que estas semanas hacen más soportable el confinamiento social, también han aparecido un sinfín de campañas de captación de fondos y subvenciones excepcionales para ayudar a creadores y a trabajadores de organizaciones culturales que se han quedado sin ingresos sine die.
Gobiernos estatales y municipales y fundaciones privadas han organizado en poco tiempo programas de ayudas directas para artistas y organizaciones artísticas, con el fin de que no se desmorone este ecosistema, tan necesario para la sociedad como frágil.
A continuación hago una selección de tres iniciativas privadas de emergencia para apoyar al sector cultural artístico norteamericano, representativas por su ejemplaridad e impacto de sus paquetes de ayuda:
1. J. Paul Getty Trust
El 2 de abril el Getty Trust anunció un fondo de ayuda de 10 millones de dólares para ayudar a las pequeñas y medianas organizaciones artísticas sin fines de lucro de Los Ángeles a mantenerse a flote durante la pandemia. El fondo de ayuda COVID-19 para las artes de Los Ángeles será administrado por la California Community Foundation (CCF), y se espera que las ayudas oscilen entre los 25.000 y los 200.000 dólares.
2. Helen Frankenthaler Foundation
Por su parte, la Helen Frankenthaler Foundation de Nueva York ha comprometido 5 millones de dólares para apoyar a los artistas e instituciones artísticas afectadas económicamente por la crisis sanitaria. El programa de ayudas se distribuirá en un período de tres años, y la primera ronda ascenderá a un total de 1,25 millones de dólares: 500.000 dólares para el 'Foundation for Contemporary Arts (FCA)’s COVID-19 Relief Fund'; 500.000 dólares para subvenciones directas a artistas; y 250.000 dólares para cubrir los gastos estructurales de varias organizaciones de la ciudad de Nueva York.
3. The Warhol Foundation for the Visual Arts
El enfoque de la Warhol Foundation es ejemplar en el sentido que ha permitido cambiar el destino de sus subvenciones. A través de su Regional Re-Granting Program, la fundación está autorizando a 16 organizaciones a girar sus subvenciones anuales de 100.000 dólares hacia los fondos de ayuda de emergencia de COVID-19. Ese dinero se utiliza tradicionalmente para financiar proyectos de artistas independientes que están fuera del alcance de las fuentes de financiación convencionales; ahora, ayudarán a los artistas locales cuyos ingresos se hayan visto afectados por la pandemia y podrán utilizarse para ayudar a cubrir los gastos básicos como la comida, el alquiler, los gastos médicos y el cuidado de los niños.
__________
(*) El Kennedy Center de Washington D.C. alberga la Orquesta Sinfónica Nacional y la Ópera Nacional de Washington, pero es un monumento presidencial y tiene un modelo económico diferente a la mayoría de organizaciones culturales.