Nuestro compañero Sospeter Baitwa, como tantas y tantos trabajadores humanitarios, se juega la vida para salvar la de otros. Seguimos distribuyendo ayuda vital en Gaza, donde la hambruna ya es una realidad devastadora para demasiados niños y niñas. Cada día, la desnutrición se cobra más vidas y de niños más pequeños. Por eso, seguimos en la Franja y no vamos a dejar solos a los niños y las familias, pero solo con un acceso seguro y sin restricciones podremos hacer llegar más alimentos terapéuticos y agua a quienes más lo necesitan. Pedimos de nuevo lo más urgente para la infancia: acceso humanitario pleno y alto el fuego inmediato.